miércoles, 3 de febrero de 2010

Carta de Manuel Espino

México, D.F., a 15 de diciembre de 2009.

Estimados amigos:

Para mí es importante informarles sobre mis acciones públicas, que conozcan mi pensar y mi sentir. Por ello, quiero comunicarles de primera mano mis razones para enviar una carta abierta a nuestro presidente, Felipe Calderón, en días pasados.

Desde que era presidente del PAN y ahora como presidente de la ODCA he manifestado mi apoyo a la guerra contra la delincuencia organizada declarada por el presidente Calderón. En todos los foros que he pisado, nacionales y extranjeros, ese apoyo ha sido evidente, público y publicado. Sin duda, tenemos un presidente valiente.

Sin embargo, desde hace ya año y medio comencé a advertir la necesidad de revisar la estrategia. Y en esto hay que ser muy claros: jamás he pedido que las fuerzas federales se rindan o entreguen la plaza. No solicité que el Estado se retire de esa lucha, como ha sugerido el Presidente. El esfuerzo debe seguir. Apoyo la decisión del presidente de combatir la delincuencia organizada, lo que ya no reconozco es la pertinencia y eficacia de la estrategia.

Tampoco solicité retirar el Ejército, pues reconozco y admiro su valor, su indudable capacidad y su lealtad republicana.

Debo señalar que me parece miope insinuar que quienes dudamos de la ofensiva gubernamental beneficiamos a los delincuentes. Todo lo contrario. Seguramente los más contentos con la actual estrategia son los criminales, porque les permite delinquir a sus anchas contra millones de mexicanos.

Recurrí al método de la carta abierta porque estamos ante un asunto urgente y mis reiteradas solicitudes de reunirme con el Presidente o con el Secretario de Seguridad Pública Federal no han recibido respuesta. En la ODCA hemos expresado repetidamente nuestra voluntad de colaborar y de poner a disposición del gobierno expertos de diferentes países, incluso elaboramos un documento altamente propositivo y lo enviamos de manera oficial, “101 acciones para la paz”. Es claro que nuestras iniciativas y propuestas no han caído en suelo fértil.

Mis motivos para pedirle al presidente un cambio son los mismos de millones de mexicanos. Mi carta no expresa sólo una visión personal, sino el dolor humano y la indignación de grandes sectores de la población. Los resultados están a la vista, no requieren interpretación alguna, tan sólo abrir los ojos. Los únicos que no ven, o no aceptan, que estamos ante una estrategia fallida son los responsables de implementarla.

Mi evaluación no es política. Mi evaluación es la de un ciudadano que vive con su familia en el frente de guerra, en una situación insostenible. No repito el rosario de calamidades que hemos atestiguado y padecido, sólo les pido que hablen con sus conocidos de Ciudad Juárez y de todas las ciudades agobiadas por la violencia para que ellos personalmente les digan lo que realmente está pasando, el tributo de sangre y miedo que estamos pagando por el empecinamiento de sostener una estrategia fallida. Más allá de los spots, más allá de las declaraciones políticas, hay una tragedia cotidiana que está desgarrando el rostro de varios estados de la República.

Temo que le estén ocultando información al Presidente. Pareciera no conocer la gravedad que han alcanzado no sólo las ejecuciones, sino también la violencia generalizada y cotidiana. Es extraño que el presidente no haya mostrado solidaridad alguna ni haya buscado proteger del secuestro y la extorsión a esos mexicanos honestos que literalmente viven a merced del crimen organizado desde que él declaró la guerra.

Estoy seguro de que si Felipe Calderón realmente conociera el trágico saldo humano de la guerra contra el crimen ordenaría cambiar la estrategia ipso facto. Por ello, tengo razones para desconfiar de los funcionarios que tienen el deber de informarlo. Por eso le escribí, pues los panistas estamos obligados a hablarle con la verdad.

Me preocupa que este empecinamiento en sostener una estrategia evidentemente fallida —que día a día produce más muertes estériles— cause repudio ciudadano hacia Acción Nacional.

Este derramamiento de sangre puede provocar que el PAN deje de ser visto por los mexicanos como una institución de gran sensibilidad humana y espíritu democrático. Nosotros nunca hemos apostado por las armas como vía para el cambio social. Siempre hemos preferido los cambios no violentos a las transformaciones alcanzadas con pólvora y muerte.

No me mueve la ingenuidad, sino los principios de nuestro partido. Sé que es indispensable utilizar la fuerza legítima del Estado en algunas circunstancias, pero no de manera exclusiva y primordial: hay que hacerlo con inteligencia y con sensibilidad ante el dolor humano y ante los daños colaterales que afectan a los mexicanos honestos y productivos.

Espero que nuestro Presidente muestre talante humanista y demuestre sensibilidad y responsabilidad ante la guerra. También apertura y capacidad de diálogo, que nos deje apoyarlo, que escuche a todos sus compañeros de partido y a las innumerables voces que le piden un cambio de estrategia. Espero que haya inteligencia y corazón para volver a empezar, pues están en juego la vida de muchas personas, el bienestar de millones de mexicanos inocentes y la insigne trayectoria histórica de Acción Nacional.



Por una patria ordenada y generosa
Manuel Espino Barrientos

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