Nos encontramos en una etapa de la historia sin precedente en nuestro país. Vivimos tiempos inéditos en los que la violencia, la impunidad, el miedo y el odio se han apoderado de nuestras comunidades. Claro, en medio de tal vorágine subsisten los ciudadanos honestos que día con día luchan y trabajan por ganarse la vida.
Pero ¿hacia dónde se dirige este destino incruento? ¿Por qué amanecemos todos los días con noticias de nuevos ejecutados? Que aunque el gobierno se obstina en decir que se trata de ajustes de cuentas entre bandas rivales del narcotráfico, no dejan de ser hombres y mujeres asesinadas, suponiendo además, que lo dicho por el gobierno sea cierto.
Noticias de pueblos abandonados al norte del país y en las márgenes de la frontera, violencia dentro y violencia fuera. ¿Será necesario padecer todo esto? Quizá sea el detonador que necesitamos como pueblo. Quizá sea un sufrimiento inútil. Pero ¿qué les decimos a nuestros hijos? ¿Cuál es su papel en nuestro país?
Creo que ha llegado la hora de levantarse y dejar de lloriquear, la hora de perder el miedo y decir ¡basta! Con todas sus letras. A quien sea, a la autoridad que solapa cobarde y corruptamente los arteros asesinatos, a los sicarios desalmados y sin escrúpulos que hacen de la muerte una profesión redituable. Es hora de que la gente de bien se haga oír, es hora de que el justo se levante y detenga al violento, al malvado.
¿Pero quién es el enemigo? Lo es tanto los miembros corruptos de la policía y el gobierno en todos sus niveles, como el sicario que ejecuta al contrincante. Necesitamos salir, vivir, respirar y trabajar.
No nos estará pasando lo que a los judíos de Alemania durante la segunda guerra, en la que solo un puñado de soldados pudo dominar a miles de ciudadanos judíos y recluirlos y maltratarlos dentro de los gettos. Así, hoy, México 2010, en la víspera del bicentenario, un puñado de maleantes, entre narcotraficantes y políticos corruptos, tienen al país sumido en la violencia y en el temor, cuan somos muchos más los que queremos un país en paz y con progreso, una patria ordenada y productiva que nos haga crecer y competir de forma legal en el contexto global.
A cada quien nos toca, trabajar desde nuestra trinchera y hacerlo con honor, valentía, dignidad y fortaleza, el maestro a preparar bien sus clases y a estudiar para enseñar, el médico a trabajar por la salud y el buen trato de sus pacientes, el abogado a ceñirse a la ley y a ser ejemplo de honestidad empezando por su propia casa, el burócrata a hacer producir su trabajo creando e innovando actividades que sea útiles para el resto de la comunidad, el estudiante a estudiar y a hacerlo de la mejor manera aprendiendo para servir y para construir.
Vivamos como verdaderos hijos de la patria que nos ha visto crecer y desarrollarnos, agradecidos por todo lo bueno y solidarios para con todos. Pongamos lo mejor de nosotros en el desarrollo de nuestro país y así, salir adelante empezando por nuestras familias. Escucha a tu hijo, a tu esposo, a tu esposa, resuelve los pendientes que tengas con ellos, decide lo que has pospuesto por tanto tiempo y empieza a cambiar hoy, empezando por ti mismo, por tu familia, por tu trabajo. Cambia solo lo que puedas cambiar, y así, haremos de nuestra patria, un mejor lugar para vivir.
Ricardo del Río Trejo
sábado, 31 de julio de 2010
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