Por
Pablo Hiriart
Algunos llaman a Acción Nacional un partido “extraño” y buscan
afanosamente al “candidato del Presidente” para ver quién será el
relevo del interino César Nava.
Eso que llaman “extraño” no es otra cosa que democracia interna. Nos
guste o no, el PAN es el partido más democrático de cuantos hay en la
arena nacional. Y no es democracia de chisguete, sino que la ha
practicado desde su fundación.
Es cierto que la elección de la dirigencia panista a comienzos de este
sexenio se vio influida por la voluntad del jefe del Ejecutivo, pero
ésta obedeció a una coyuntura excepcional.
La excepción se justificaba por la forma accidentada en que llegó a la
Presidencia Felipe Calderón y la escasa base de apoyo electoral con
que contaba, lo que obligaba a unificar al PAN en torno suyo con un
dirigente también suyo. Otra cosa era suicidio.
Pero esa ha sido la excepción que confirma la regla. Y la regla
panista es la democracia interna.
¿Cómo va Madero, que es cercano al Presidente, y también va Gil Zwarth
que es cercanísimo a Calderón, y se apunta su ex titular de migración
y el que lo destapó como candidato presidencial? ¿Cuál es el bueno?
Tratar de leer esas señales en el PAN es un poco ingenuo, fuera de
lugar incluso, porque ahí hay democracia. No sé si eso sea bueno para
los panistas, pero así son en sus cuestiones internas: auténticamente
democráticos.
El candidato del ex presidente Fox, Santiago Creel, perdió la elección
interna contra Felipe Calderón.
El candidato de casi todas las figuras nacionales a la dirigencia
panista, el ultra conocido y apreciado Carlos Medina Plascencia,
perdió ante el hosco y taimado duranguense Manuel Espino.
Carlos Castillo Peraza, hostigado por grupos de poder al interior de
la estructura panista, derrotó sin miramientos a Ling Altamirano y a
Rodolfo Elizondo.
El seguro presidente panista para suceder a Castillo Peraza era el
exitoso empresario y primer gobernador de oposición en el país,
Ernesto Ruffo, pero perdió ante un muchacho de pelo ensortijado y
buena oratoria: Felipe Calderón.
Más atrás, en 1985, fui testigo de una batalla verbal épica, por
elegante, dura y franca a la vez, en el estado de Chihuahua. El
baluarte del panismo doctrinario Luis H. Álvarez fue vencido en la
Convención por el alcalde de ciudad Juárez, Francisco Barrio Terrazas.
¿Qué hizo Luis H. Álvarez? ¿Buscó la candidatura del PARM, del PDM o
algún otro grupo pequeño pero con registro?
Nada de eso. Se puso el overol para trabajar por Pancho Barrio.
Ése es un partido democrático. Tal vez equivocado, errático o lo que
se quiera apuntar. Pero no tiene nada de extraño: es, simplemente,
democrático.
Ahí gana el que tiene más votos. Y cualquiera puede ganar.
phl@razon.com.mx
Twitter: @phiriart
fuente: http://www.razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=52546
jueves, 4 de noviembre de 2010
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