Ante el suceso reciente de la ejecución de siete jóvenes en Cuernavaca, el tema ha cobrado relevancia porque una de las víctimas, es hijo de un personaje reconocido, un poeta.
La reacción popular incluye manifestaciones de ciudadanos comunes y corrientes que exigen alto a la violencia, ni una víctima adicional y proponen como solución el PACTO con el CRIMEN ORGANIZADO.
Yo entiendo, soy capaz de sufrir e imaginarme lo que sienten los padres de familia de las víctimas, me solidarizo con ellos, pero tengo también la obligación de expresar que el pacto con los delincuentes no es la solución.
Tampoco el origen del problema deriva de una declaratoria de Guerra del Presidente Calderón al crimen organizado, ni una estrategia de combate que exige ser revisada y sobre todo complementada, mejorada si se quiere, para producir mejores resultados, incluirnos a todos en esa estrategia, que es indispensable pero no, de ninguna manera la claudicación ni la marcha atrás. Este asunto no admite marcha atrás y somos los ciudadanos quienes podemos y debemos participar más activamente, exigir mejores resultados, pero no pactar con el enemigo común, que no tiene la menor intención de cambiar de actividad, que es crimen organizado, hoy por hoy el negocio más lucrativo del mundo.
Pactar qué a cambio de qué, me pregunto acaso podemos ofrecerles la paloma de la paz a cambio que sigan haciendo lo mismo pero eso sí, discretamente o bajo pertil?
No podría, en este espacio, señalar todas las deficiencias de “las fuerzas del orden” en este combate. No es la ocasión, no soy especialista en seguridad, aunque alguna experiencia he tenido.
Únicamente señalaré que, de acuerdo a la lógica, primero y antes que nada, necesitamos los ciudadanos estar seguros, tener la certeza en la confiabilidad de los integrantes de estas fuerzas, de este ejército que combate al enemigo, porque si son o están infiltrados por los criminales, estaremos fregados.
La otra parte es participar activamente, asumir el papel que nos corresponde como ciudadanos, como ”Sociedad Civil” y aquí las tareas son múltiples y más trascendentes de lo que hasta este momento hemos querido reconocer.
Desde la educación y supervisión de nuestros hijos, enseñarlos a cuidarse, a ser prudentes, a estar conscientes que ya pasaron los tiempos en que amarraban a los perros con longaniza, pues esos tiempos, además de añorarlos, recordarlos, no volverán.
Analicemos el papel que nos corresponde, como padres de familia, como maestros en la universidad, en la prepa, como empresarios, como profesionistas, como obreros, en el ejemplo y los valores conforme a los cuales vivimos, no los que decimos creer, y entendamos que la sociedad es como un sistema de vasos comunicantes, donde nuestras acciones y omisiones afectan al cuerpo social y qué sociedad deseamos para vivir hoy y para el futuro que hoy empieza.
Mi padre, a quien recuerdo especialmente hoy, fue una persona extraordinaria porque me enseñó con su ejemplo, cómo se viven los valores de la honradez y la honestidad, la integridad profesional y el amor al prójimo, un luchador incansable por el cambio de México. No me lo imagino, créanmelo, proponiendo la firma de un armisticio con el crimen organizado.
Manifestarse en la calle, protestar, es bueno, pero no suficiente.
Decidámonos ya, por nuestros seres queridos y por nuestro querido México.
Comentario de Julio Sentíes Laborde, en el noticiero de Radio Centro, 10.20 de A.M. a las 8 de la mañana del miércoles 6 de abril de 2011.
lunes, 11 de abril de 2011
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